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jueves, 13 de septiembre de 2012

Ejercicios para mejoral la formación de los intérpretes

Hoy les comparto estos ejercicios recomendados por Esther Vázquez y del Árbol de la Universidad de Castilla-La Mancha para mejorar la calidad en la interpretación simultánea o consecutiva, ya que si bien cada día se gana con la experiencia, es importatne potenciar las habilidades cognitivas y ser capaz de interpretar a cualquier tipo de orador.

Para esto existen ejercicios para la concentración, ejercicios para la memoria, ejercicios para la intuición y la improvisación, ejercicios para la rapidez de acción, ejercicios para el acceso semántico (la sinonimia), ejercicios para combatir la mala oratoria del orador.

Ejercicios para la concentración
El ruido inesperado. Como bien afirma Seleskovitch (1978:44), la concentración es un acto consciente. Si se llega a un buen nivel de concentración, el intérprete logrará entender y analizar el discurso con mayor facilidad. Esta forma de “autodisciplina” (Bowen y Bowen, 1984:5) puede adquirirse con la práctica, de hecho, resulta aconsejable potenciarla en el aula de interpretación; así se pueden provocar ruidos inesperados (verter agua en un vaso, toser repetidas veces, dejar caer un objeto al suelo) en pleno desarrollo de una interpretación, anticipándole las dificultades que tendrá que afrontar el intperprete en un futuro en el mundo profesional y potenciando progresivamente su estado de concentración.


Ejercicios para la memoria

Si el intérprete ha realizado ejercicios para desarrollar la memoria y posee una experiencia considerable interpretando discursos, las posibilidades de que le falle la memoria disminuyen considerablemente. Desgraciadamente, al comienzo no posee esta experiencia pero es posible desarrollar la memoria mediante unos ejercicios básicos.

Es importante distinguir entre la memoria auditiva y la visual. La auditiva es fundamental para el intérprete, que debe memorizar parte del mensaje del discurso y no siempre puede dedicarse a tomar notas. El ejercicio más básico es la repetición, a partir de ahí existen cientos de ejercicios que se pueden realizar de manera individual o en grupo.


La lista de elementos. Para desarrollar este tipo de memoria, se pueden leer en voz alta una lista de términos que contenga información de precisión (topónimos, nombres de patologías comunes, referencias culturales, etc), luego el intérprete deberá recordar y decir en voz alta el mayor número de términos posible. Este tipo de ejercicios puede basarse en listas de términos o de cifras (siempre presentan dificultades al comienzo de la profesión de intérprete). Una variante de este ejercicio se produce cuando se lee una lista inicial y luego se proporciona otra más larga en la que se entremezclan los elementos de la anterior con otros nuevos. El intérprete tendrá que marcar con un bolígrafo los elementos que crea haber visto en la lista anterior.

La cadena de repetición. Otro ejercicio útil es aquel en el que se dice una palabra en voz alta y se pide al intérprete que la repita y añada otra, todo ello en una cadena de varias perosnas donde cada uno deberá repetir las palabras que se han dicho anteriormente y luego añadir otra. Si la cadena se rompiese, los compañeros podrán ayudar a la primera persona en cuestión, o, si se prefiere ser más tajante, se puede eliminarla del juego.


La sinopsis. Con objeto de desarrollar la memoria auditiva, también resulta de utilidad que se cuente el argumento de una película de cine (durante unos tres minutos, aproximadamente). Después se le pide al intérprete (que no ha visto la película) que reproduzca el argumento en la misma lengua en la que se ha explicado o en otra diferente (elevando la dificultad y la calidad de la prueba). Cuando se empiece a tener problemas para recordar el resto de la historia, podrá solicitar la ayuda del resto de los compañeros.

La historia. La complejidad de ciertos ejercicios no hace sino potenciar las habilidades, aunque al principio cuesta cierto esfuerzo. Este es el caso del ejercicio en el que se selecciona a una persona para que narre en voz alta una historia (real o inventada), y sus compañeros deberán interrumpirle de vez en cuando para “obsequiarle” palabras que deberá introducir inmediatamente en su discurso procurando que éste quede hilado y coherente. Al término del ejercicio el se puede complicar la dificultad pidiendo a un voluntario que reproduzca en otra lengua cuanto pueda de lo que recuerde del discurso.

El juego del teléfono. Se forman las personas en fila, formando una especie de cadena, y se le susurra al oído al primero de ellos una frase compleja, un listado de palabras, de cifras, de objetos, etc. Después esta persona deberá susurrarle la información que se le ha dado a la persona que le sigue en la cadena, y así sucesivamente. Al final se comprueba con el último cuánta información se ha perdido, cuánta se ha modificado y cuánta se ha añadido. Este ejercicio también desarrolla la concentración.


Ejercicios para la intuición y la improvisación

El debate falso. El objetivo es desarrollar la capacidad de hablar en público (como preparación para la traducción consecutiva) sin apoyos de ningún tipo. Se escoge un tema de actualidad (ej: la adopción de niños por parte de homosexuales) y se comunica al grupo, seguidamente llama a cuatro o cinco para que se pongan de pie frente al resto de la clase y desempeñen cada uno un papel (ej: periodista, político, homosexual, sacerdote católico y juez). A continuación, se dejará a los seleccionados dos minutos para que piensen qué pueden decir desde su punto de vista según el papel que le ha sido asignado, después se iniciará y moderará el debate, eligiendo quién contesta a cada pregunta o afirmación que se haya puesto sobre la mesa. Termina el ejercicio con una interesante interacción de los cinco personas, que deberán hacer esfuerzos para respetar el turno de intervención de los demás para hablar, debido a lo mucho que se han introducido en el papel.

Esta táctica ejercita no sólo la reacción y la improvisación de los intérpretes, sino que también les ayuda a trabajar su intuición para anticiparse a lo que va a decir un orador, según sea de un tipo u otro. A su vez, potencia su capacidad para adaptarse a diferentes tipos de interlocutores. Además, el habla espontánea contribuye, según Seleskovitch (1978:13), a que el intérprete se acostumbre a pensar antes de hablar.


Ejercicios para la rapidez de acción
El cuestionario. Desarrolla la capacidad consciente de escuchar y hablar simultáneamente, aunque requiere un tiempo de entrenamiento. Para trabajar esta destreza, es conveniente que se haga un especie de “carrera” con el intérprete, en ella aquél, listado en mano de unas 20 preguntas de temas muy diversos, deberá hacerle a éste rápidamente, y una tras otra, dichas preguntas mientras que éste las contesta. El ejercicio comienza cuando se lee la primera pregunta, el individuo no contesta, pero piensa la respuesta; en cuanto se acabe de leer la primera, se deberá leer inmediatamente la siguiente, entonces, mientras el se formula esta pregunta, el intérprete deberá contestar la primera, como si fuera una rápida carrera de relevos.


Esto desarrolla la simultaneidad del discente, su concentración, su memoria a corto plazo y su rapidez. Al principio su respuesta será más lenta y contestará lo primero que le surja, después irá adquiriendo seguridad y aprenderá a controlar sus nervios. Resulta especialmente útil para la simultánea, donde el tiempo está muy limitado y el discurso debe interpretarse mientras se recibe.

Ejercicios para el acceso semántico (la sinonimia)

La gimnasia mental. La búsqueda de la palabra exacta, la palabra que “encaja” y la expresión precisa no siempre es fácil. Para potenciar esta búsqueda, existe un ejercicio que consiste en la lectura de un discurso escrito en el que aparecen varias palabras marcadas en negrita o cursiva (por ejemplo, todos los adjetivos o todos los sustantivos). Se le da al intérprete el texto para que lo lea en voz alta y sustituya, según le vayan apareciendo en dicho texto, los términos marcados por sinónimos. Este ejercicio mejora la rapidez con la que el discente accede a un sinónimo del abanico que debe guardar en su lexicón mental.

  Ejercicios para combatir la mala oratoria del orador

Existen muchos tipos de oradores y el intérprete debe estar preparado para aplicar las estrategias necesarias en los casos que sean problemáticos.

El orador rápido es aquel que “ignora” completamente al intérprete e incluso a la audiencia y mantiene en la exposición un ritmo que dificulta en gran medida el seguimiento del contenido de la misma. El intérprete deberá intentar resumir en la medida de lo posible pero sin perder el hilo argumental.

El orador lento, por su parte, parece no tener prisa por terminar su discurso o, simplemente, las ideas le fluyen con dificultad. En este caso el intérprete deberá mantener el ritmo discursivo del orador en la interpretación, de lo contrario, podrá parecer que introduce información inventada en tal discurso.

El orador desorganizado ofrece una exposición sin cohesión ni coherencia (dos características básicas de una buena interpretación), la mala organización discursiva, la sintaxis fragmentada y la discontinuidad son sus características, ya que habla según le fluyen las ideas y se pierde con sus propios razonamientos. Al intérprete le supone un problema importante, puesto que debe plantearse si prefiere mantener el flujo de ideas desordenadas (sería el caso de una interpretación simultánea) o, por el contrario, optar por la organización de las mismas (caso sólo posible en consecutiva). En el segundo caso el intérprete puede organizar mediante la toma de notas el discurso y ordenarlo, numerando cada una de las ideas principales y encajándolas basándose en principios lógicos discursivos. Lo imprescindible, en cualquier caso, es terminar las frases.


Y ahora, a practicar!

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